Como dice la canción... Blog de música, relatos e historias cortas

20 de diciembre de 2012

Si no hubiese mañana...

Apagué la televisión y subí a la terraza. El cielo enrojecido, como herido de muerte, era el preludio de la oscuridad, que no tardaría en llegar. Las nubes se cernían sobre el horizonte como un telón que desciende lentamente preparando a los espectadores para el aplauso final. 

Abajo, en la profundidad de la calle, las personas se movían con más prisa de la habitual, con una agitación propia de la incertidumbre, alimentada por la superstición. Todos los informativos hablaban de ello, era la comidilla en la oficina, el chiste del día en las radios, el trending topic mundial, una oportunidad comercial más para los negocios. 

Hoy era ese día en el que muchos habrían hecho algo por primera vez, como si fuera la última. A esta hora de la tarde se sucederían las cenas familiares, las llamadas a larga distancia, los delitos, los actos sexuales, los suicidios y las colas en los confesionarios, por si las moscas. 

Un amigo me dijo una vez que si mañana fuese el fin del mundo, él seguiría viviendo como si no lo fuese. Sólo aquellos que no han vivido con templanza se arrepienten de lo que les ha quedado por hacer. 

Con las primeras gotas cayendo del cielo decidí volver a mi habitación, pensando que nunca me había imaginado un final catastrófico; más bien un rápido letargo o un desvanecimiento lento, el tiempo justo para poder rezar un padrenuestro y alguna jaculatoria breve, si Dios no nos pillaba confesados. 

Haciendo un breve repaso por mi vida, comprobé que ya había cumplido todos los objetivos que me había propuesto a mi edad. Había sido feliz y había estado triste, me amaron y también me rechazaron, saboreé el triunfo en el mismo vaso que el fracaso. 

Y ya rendido en la cama, puse el despertador a las siete y cuarto, como siempre, y pensé que si no hubiese mañana, mi vida ya habría valido la pena. 

“Que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentiras, que el fin del mundo te pille bailando, que nunca sepas ni cómo ni cuándo.” 

30 de enero de 2012

Mañana, cuando despierte


La incertidumbre no me deja dormir. Éste sería un domingo cualquiera, si no fuese porque el día que le sigue no será un lunes normal. Probablemente me toque guardar en la memoria esta fecha para la posteridad o se convierta en un recuerdo que no pueda borrar aunque lo intente con todas mis fuerzas.

Lo que tengo por seguro es que en algún momento de esta noche, mientras mi cuerpo yazga en la inerte inconsciencia, algo en mi vida habrá cambiado de repente, quién sabe si para siempre.

El problema es que no puedo dormir. En silencio y a oscuras espero, con más lucidez de la que me gustaría, a que el señor Sandman esparza la arena del sueño sobre mis ojos. Tengo la tentación de mirar el reloj, pero sé que si lo hago perderé también los nervios. Pienso en todas las noches de Reyes hasta los diez años, en la noche antes de la Selectividad, mi primera noche viviendo fuera de casa, la noche antes del primer día de trabajo, y en todas las vigilias de días importantes de mi vida en que todavía tendré que lidiar con el insomnio.

Cuando era pequeño se añadía otro problema: el miedo a la oscuridad. Pero con el tiempo aprendí a convivir con los monstruos que habitan bajo mi cama; entendí que si no les das de comer con tu imaginación, ellos terminan muriendo de hambre o simplemente huyen a la habitación de otro miedica.

Ahora, en cambio, me gusta el silencio y la oscuridad. Es la única forma de escuchar mis pensamientos, refutarlos y dejarlos ordenados para que nadie los cambie. Es el problema del mundo: el ruido y el exceso de imágenes no dejan a la gente pensar y terminan actuando por imitación y no por convicción.

A cada segundo que pasa, voy descontando los minutos que quedan hasta que suene el despertador y sé que cuando eso ocurra y el cansancio no me deje poner los pies en el suelo, me acordaré de este momento y desearé no haberme quedado desvelado, pensando en tonterías.

Pero supongo que siendo mañana un lunes especial, esto no me importará. Porque tendré más motivos para levantarme que para quedarme perezoso entre las sábanas. Porque mañana, cuando despierte, por fin se habrá llenado ese rincón de mi mente, que he mantenido reservado durante tanto tiempo. Ese hueco tan cercano al lugar donde se segrega la alegría, la ilusión y la sensación de plenitud.

Pero todavía queda un obstáculo, aún me queda lo más complicado: lograr conciliar el sueño.

"Mr. Sandman, bring me a dream... tell him that his lonesome nights are over."
("Mr. Sandman, tráeme un sueño... dile que sus noches de tristeza han terminado")
Hoy mi canción es: "Mr. Sandman" The Chordettes

13 de diciembre de 2011

De mi puño y de mi letra


Seguro que te ha pasado alguna vez, no mientas.

Tienes algo importante que apuntar y no tienes nada con qué escribir. Como no te fías de tu mala memoria comienzas a revolver los papeles y cajones de tu escritorio hasta que finalmente encuentras un boli BIC sin tapa. 

No quieres malgastar un folio, así que escribes en la parte de atrás de un sobre, un folleto, un billete de metro o lo primero que encuentras. Comienzas a deslizar el bolígrafo sobre el papel, pero no pinta, queda una marca casi invisible en la superficie. Tratas de repasar el trazo, pero es peor, porque la poca tinta que sale lo emborrona todo.

Diriges tu mano a una esquina y comienzas a dibujar garabatos circulares a gran velocidad, hasta que, en el mejor de los casos, consigues liberar la tinta de su depósito. Entonces escribes lo que querías, si todavía lo recuerdas.

A veces la mente funciona igual que un boli BIC.

Tienes el deseo de escribir pero no puedes, porque no sale la inspiración, porque hace demasiado tiempo que no te paras a pensar en una idea, una historia o una canción. Comienzas una frase, pero cuando la repasas con la mirada, te das cuenta de que el papel en realidad sigue en blanco, porque lo que lees no es lo habías pensado. 

Te obcecas en buscar nuevas formas de decir lo mismo, tratando de recuperar ese recuerdo casi invisible que en tu cabeza tenía sentido, pero sólo consigues que cada intento sea peor que el anterior.

Es el momento de abstraerse, de pensar en otras cosas, aunque no tengan nada que ver -incluso- aunque no tengan sentido. Y entre tanta divagación puede que, en el mejor de los casos, encuentres un nuevo hilo conductor para tu idea, tu historia o tu canción.

¿En serio no te ha pasado? Pues a mí me ocurre constantemente...

"Escribo... para vaciar mi alma. Escribo... para que vuelva la calma"
Hoy mi canción es: "La inspiración" Arianna Puello

27 de agosto de 2011

Causualidad


Caminaba por la casa, de una habitación a otra, del salón a su cuarto, de la cocina al balcón. Iba despacio con la mirada fija en esos pensamientos, que muy cerca del suelo, le marcaban el trayecto. En la mano sostenía una taza de café, que poco a poco había comenzado a sustituir al vaso de leche con galletas que tomaba desde niño.

Estando a medio vestir, con la camisa desabrochada y descalzo, se detuvo a mirar por la ventana, y entre sorbo y sorbo, contaba en su mente cada una de las casualidades que se sucedían frente a sus ojos. Un semáforo que se ponía en verde en el momento en el que un hombre se disponía a cruzarlo, otro que tropezaba con una grieta de la acera, un soplo de aire que levantaba la falda de una joven, y de repente, todas las farolas se apagaban al mismo tiempo.

Volviendo en sí, se dio cuenta de que la radio todavía estaba encendida, no es que le prestara atención, sino que era una forma de activar su mente por las mañanas; odiaba pensar en silencio. La misma frase con la que concilió el sueño, se repetía una y otra vez en su paladar, como si el fantasma de su lengua hubiese sido condenado a pronunciarla sin descanso.

Su reflexión se centraba en que las casualidades son actos independientes que encuentran un punto de interacción fortuito provocando una coincidencia inesperada. Pero si te paras un segundo a observar a tu alrededor, te das cuenta de que es un mecanismo constante, que nace de la libertad de millones de decisiones que son tomadas cada segundo, por millones de personas a lo largo de la historia.

Algunas de ellas son catastróficas, la mayoría pasan desapercibidas, pero cuando surge una que es maravillosa, te das cuenta de que todo lo que has hecho en tu vida, hasta el más insignificante de los actos, te ha conducido allí y sientes que ése es el lugar y el momento en el que tenías que estar. Y así le había ocurrido a él unos días atrás:

Dejó sonar el despertador diez minutos más y no le dio tiempo a desayunar, por lo que paró en la panadería para comprarse un donut y perdió el tren que solía coger. Se subió en el siguiente, después de que un hombre le golpeara con el hombro al salir y ni siquiera se disculpara. En su asiento encontró una carpeta que alguien había olvidado, y curioseando en su interior descubrió que pertenecía a una chica, estudiante de Biología, que tendría problemas si no entregaba ese día un trabajo sobre Patología Molecular Humana. Se bajó en la siguiente parada y, decidido a obrar su buena acción del día, se dirigió a la facultad.

Recorrió los pasillos y las aulas durante dos horas sin éxito, hasta que cansado y desmotivado, decidió tomarse algo en la terraza de la cafetería. Un zumo y unas tostas después, se dispuso a pagar pero no encontró su cartera en el bolsillo izquierdo del pantalón. Desconcertado, sondeó la posibilidad de salir corriendo, pero vio que el camarero, vigilándole con desconfianza, se estaba acercando a su mesa.

Volvió la vista y se encontró con una chica sentada frente a él, sujetando un billete de diez euros, que entregó al camarero en cuanto llegó. Él trató de justificarse, pero ella, anticipándose, le dijo que podía devolverle el favor invitándola a cenar el viernes. Después escribió su número en un billete de metro, recogió la carpeta, que todavía estaba encima de la mesa, y se marchó con un rápido movimiento de pelo...

Los sábados por la mañana era su momento favorito de la semana, le gustaba madrugar sin tener la obligación de hacerlo, y desayunar despacio mirando por la ventana, a medio vestir, mientras de fondo sonaba la radio. Era su momento de inspiración, de meditar, de tratar de entender la vida y sus mecanismos. Y mientras apuraba el último trago de su café, seguía sin dar crédito al misterio oculto en esa frase que todavía se repetía en su cabeza: "tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan..."

Hoy mi canción es: "Saturday" Ed Sheeran

17 de julio de 2011

De nuevo


Pongamos que por una vez, al cruzarnos por la calle, no fingimos ser extraños y que el rencor y la decepción no se hacen visibles en nuestras caras. Que el orgullo no silencia nuestras conciencias y que dejamos de aparentar que hemos pasado página. 

Pongamos que de nuestros labios nunca salieron aquellas palabras de reproche, ni aquel portazo puso fin a la pelea. Que no colgué tus llamadas, ni rompiste mis fotos, que no pasé las tardes tirado en la cama, ni lloraron tus ojos. 

Pongamos que aquella noche nos quedamos en casa, que yo no bailé con aquella chica y tú no te dejaste invitar a una copa, que yo no me puse celoso y tú no la llamaste "zorra". Pongamos que en nuestros vasos sólo había Coca Cola...

Pongamos que fui más atento contigo, que cada día te recordaba lo guapa que estabas, que me daba cuenta cuando ibas a la peluquería y te acompañaba a comprar con una sonrisa. 

Pongamos que fuiste más paciente conmigo, que dejabas que en el coche pusiera la música que me gustaba, que venías a verme a los partidos y no te importaba que pasara las tardes de sábado en el bar con mis amigos.

Pongamos que no te pedí salir y nunca nos dimos aquel beso, que no te hice ningún regalo, que no me guiñaste el ojo, ni te cogí de la mano, que no hubo sonrisas, ni caricias, ni complicidad, ni afecto. Pongamos que en aquel parque, aquella tarde, sólo paseamos.

Y así, mejorando lo que nos acercó primero y borrando lo que nos ha alejado luego, te propongo que  olvidemos nuestra historia y dejemos crecer el amor de cero, para que queden sólo los buenos recuerdos.. pongamos que lo intentamos de nuevo.

"You won't regret, I'll come back begging you. Won't you forget, welcome the love we once knew..."
("No te arrepentirás, volveré rogándote. No lo olvidarás, acoge el amor que una vez conocimos...")

31 de mayo de 2011

48 Horas

Pensaba que a estas alturas, la vida ya había perdido toda capacidad de sorprenderle. Su propio historial de momentos que habían marcado una diferencia o habían tenido algún significado, así lo confirmaba. Al final llegaba a la conclusión de que daba igual cuánto se esforzara por imaginar o predecir el siguiente paso, siempre surgía un imprevisto que mejoraba sus pronósticos.

Se aproximaba a otro de esos momentos cruciales en los que una decisión importante iba a ser tomada, lo sentía ya en sus dedos y en sus talones. En pocas horas, el veredicto determinaría cuestiones tan importantes como la ciudad donde viviría, las siguientes personas que conocería o aquellas con las que ya nunca se encontraría, las experiencias con las que nutriría el guion de su vida y de las que surgirían las historias que contaría a sus nietos. Lo único malo era que esa decisión no era suya.

Recordaba que una vez un profesor les contó en clase que el motivo por el que conoció a su mujer fue que le faltó medio punto para estudiar la carrera que quería. Al no ser admitido, se fue a estudiar a otra ciudad y allí conoció a la que había sido su compañera en los últimos y felices diez años de su vida. 

¿Por qué enfadarse entonces por los fracasos o lamentarse por las decepciones?, ¿qué sentido tiene aferrarse a aquello que pensamos que es lo mejor para nosotros? Quizá sea más sensato despreocuparse y dejarse llevar por la mano providente que siempre termina conduciéndonos al origen de los mejores momentos de nuestra vida. Por algo dicen que los mejores planes son los imprevistos.

Entre la tranquilidad y la incertidumbre, miraba de reojo su teléfono móvil esperando ver iluminarse la pantalla y escuchar sonar aquella melodía, que al descolgar le volvería a recordar que la vida es emocionante.

"I'm working on a dream, though sometimes it feels so far away. I'm working on a dream and I know it will be mine someday"
("Estoy trabajando en un sueño, aunque a veces lo siento tan lejano. Estoy trabajando en un sueño y sé que será mío algún día.")

Hoy mi canción es: "Working on a Dream" Bruce Springsteen

19 de mayo de 2011

Ella

Le gustaba hacerme rabiar, sacarme de quicio, llevar mi paciencia hasta el límite, pero nunca conseguía sobrepasarlo. Bastaba con una mirada traviesa acompañada de un guiño para que todo mi enfado se convirtiese en una sonrisa que, aunque yo no quisiera esbozar para que me tomara en serio, tampoco podía reprimir. Y era como si nada hubiese pasado.

Solía venir a mi casa a pasar las tardes, veíamos películas tumbados en el sofá o saltábamos sobre él, bailando los viejos vinilos que tenía, a todo volumen. Merendábamos macarons, sus preferidas, y salíamos a dar una vuelta por las calles estrechas del centro en busca de una librería, donde podías sentarte en unos colchones y leer todo el tiempo que quisieras y, si tenías suerte, te daban zumo y pastas de té. Algunos días, ella escogía un libro y comenzaba a leer en voz alta mientras yo, acomodado a su lado, me dejaba llevar por la curva melódica de su entonación hasta los umbrales del sueño. Otros días interpretábamos obras de teatro, con un dramatismo casi telenovelesco, hasta que la señora Blanchard, la dueña, nos invitaba amablemente a salir. Poco a poco, ése se había convertido en nuestro pequeño ritual.

Yo no sabía francés y no es que París me entusiasmara, pero ella como tantas chicas de su edad, tasaba su felicidad en vivir en un estudio en Montmartre, salir con un fotógrafo o un escritor y pasear por el Sena curioseando láminas, libros y cuadros vintage. Yo no era fotógrafo ni escritor, pero supongo que ése era un pequeño sacrificio que podía permitirse, sin que su vida soñada perdiese candor.

A veces me quedaba observando su vitalidad, su ligereza, esa alegría grácil y juvenil que todavía conservaba y que me hacía parecer un adulto a su lado. No era sólo la diferencia de edad, sino la sensación de que para mí el mundo ya había perdido su magia y su misterio. Y eso era motivo de algunas discusiones, cuando ella actuaba como si no hubiese normas, ni límites, ni errores. Pero en el fondo es lo que más admiraba de ella, que a pesar de vivir en un mundo imperfecto y triste, parecía percibir sólo aquello que todavía podía ser bello. 

Probablemente algún día se rompería el encanto y el desencanto de la realidad le haría ser más sensata y dejaría de verme de la forma con la que lo hacía ahora y ya no buscaría mi complicidad con guiños y sonrisas, sino que cada discusión nos iría distanciando. Y dejaría de venir a mi casa por las tardes y no veríamos películas ni bailaríamos sobre el sofá, ni ella me leería, ni la señora Blanchard nos echaría de su librería. Entonces vivir en París ya no tendría sentido y terminaría apareciendo un joven que daría un nuevo impulso a su vida.

No pasaba día en que este pensamiento no se cruzara por mi mente, pero lo cierto era que cada noche cuando finalmente la acompañaba a casa y su última sonrisa se quedaba grabada en mi retina, tenía la certeza de que todos esos temores nunca pasarían.

"And she only reveals what she wants you to see. She hides like a child but she's always a woman to me."
("Y ella sólo desvela lo que ella quiere que veas. Ella se esconde como una niña, pero ella es siempre una mujer para mí")
Hoy mi canción es: "She's always a woman" Billy Joel    (Gracias a Paulina V.)

9 de abril de 2011

El último discurso


Pasaban veintitrés minutos de la hora anunciada, cuando surgieron los primeros rumores de que se no se presentaría. La situación era demasiado tensa como para arriesgarse a mostrarse en público, pensaban unos, probablemente no estaría ni siquiera en la ciudad, especulaban otros. 

De repente, un revuelo en torno a la zona del atril, hizo saber a todos que él sí que estaba allí y que en breves instantes les dirigiría la palabra. La mezcla de emoción y miedo, que muchos lucían en sus caras, hizo resonar algunos aplausos espontáneos que no fueron secundados por la mayoría, que permanecía expectante con su mente pendiente de lo que estaba pasando en el exterior de la sala.

Finalmente, aquel anciano apacible, de paso inestable pero de mirada firme, logró situarse en frente del micrófono y tras escrutar las caras de los presentes, dijo:

"Esta mañana he sido informado de los sucesos ocurridos durante la madrugada de ayer y que estoy seguro que todos los aquí presentes conocéis. He sentido en mi propio cuerpo el dolor y la tristeza de todos aquellos que están sufriendo ahora mismo en tantas partes del mundo. Dicen que la situación es insostenible, que es cuestión de días, quizás horas, para que todo llegue a su fin.

Veo vuestras caras, trato de mirar vuestros ojos, pero un velo de desesperanza los cubre y el temor los ciega. Podríamos quedarnos aquí sentados, encerrados, esperando el momento. Podríamos bajar la cabeza, entregar las manos y permitir que nos arrebaten con facilidad aquello por lo que tantos y tantas han derramado su sangre a lo largo de la historia. Ellos pagaron con su vida el precio de que hoy estemos aquí ¿y nosotros no vamos a hacer nada?

El mundo proclama que la verdad ha muerto, que la razón es mentira, que la libertad es una prostituta. Han enarbolado la bandera del odio, con los retales que han arrancado de la historia, han encendido con el rencor de sus corazones las antorchas para quemar cualquier indicio de arrepentimiento.

Pero, ¿sabéis qué? Ellos son los que tienen miedo... les aterra nuestra firmeza, no entienden nuestra confianza, les horroriza ver la alegría de nuestras caras, la sonrisa con la que respondemos a sus amenazas. Nos pinchan y no sangramos, nos aplastan y nos levantamos, nos matan y les perdonamos.

Escuchad, la tierra tiembla, el mar zozobra, la naturaleza entera grita, se prepara para recibir justicia. Se acerca el gran momento, el final se aproxima, la victoria está cerca de los que no se rinden, de los que todavía esperan. Desenvainad vuestro valor y enterrad vuestro temor. Que la paz sea vuestro escudo y la piedad vuestra fortaleza.

Y si en el fulgor de la batalla, veis que vuestro ímpetu flaquea, agarrad fuerte la medalla y sea vuestro ideal la bandera, la constancia de la gloria, que ya con honores lograda, podréis gozar de ella."


Then why do we keep strangling life, wound this earth, crucify its soul, though it's plain to see: this world is heavenly, be God's glow
(Entonces por qué mantenemos esta sofocante vida, que hirió este planeta, crucificó su alma, aunque esto es sencillo de ver: este mundo celestial existe por el brillo de Dios.)

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